lunes, 11 de enero de 2016

Los Lubolos
Vicente Rossi
La primer agrupación de blancos-negros aparecida en Montevideo, señala en el género memorable jornada. Fue en el carnaval de 1874 y bajo el título' de "Negros Lubolos".
La formaban jóvenes comerciantes y profesionales, criollos blancos, que se presentaron perfectamente teñidos de negro y con indumentaria igual a la de los esclavos de las fazendas brasileras e ingenios cubanos.
Hablaban en el gracioso bozal de nuestros africanos, y sin desviarse de la ingenuidad y respetuosidad proverbiales en aquellos, sostenían admirablemente diálogos con los "amitos"; caminaban y accionaban imitando impecablemente a los negros, todo con esa habilidad que no hay quien dispute a montevideanos y porteños.
No descuidaron la fiel representación de la raza que caracterizaban, y la simbolizaron en un supuesto "tío" o "tata viejo" varias veces centenario, que siempre iba rezagado detrás de la negrada, ofreciendo yuyos medicinales y amena charla bozal en puertas y ventanas.
Mama vieja y gramillero recreados
Se personalizaba el "rey" en el presidente de la sociedad, que marchaba en medio de ella. Iba a la cabeza el "bastonero", que llamaban "'escobero", por haber adoptado una escoba como bastón de mando; los hubo famosos; tenía que ser un experto candombero y de resistencia a toda prueba.
Llevaban los instrumentos típicos de la raza; tamboriles y masacallas; y los instrumentos exóticos de sus descendientes: guitarras, violines, etc.
En su repertorio se repitió una vez más el catálogo de bailables sociales de la época, que tocaban y cantaban en las casas donde eran recibidos, despojándose por un momento de su papel, pues cantaban en idioma nacional uruguayo, con música de valses, mazurkas, etc., siguiendo la ratina en toda agrupación filarmónica carnavalesca, pero volvían súbitamente a su caracterización y a su entusiasmo, cuando los tamboriles daban la señal del "'tango" que habían tomado de los negros criollos, elevándolo a tonos y situaciones en que la alegría africana daba consentimientos a la picardía criolla.
Ese "tango" era el candombe clásico, mejorado en figuras y movimientos, más pintoresco, más alegre; estimulado por tantanes y chaschás mejor combinados. Lo bailaban en entrevero, es decir, sin formar rueda, ni filas, ni parejas. En estas agrupaciones no figuraban mujeres.
La preocupación mayor de aquellas sociedades era su "tango". Los Lubolos se ejercitaron en él tomando lecciones bajo la dirección de negros africanos que aún vivían y sostenían próspera su tradición; es evidente que aprendieron candombe y que eso era su "tango", pero, como los negros criollos de "La Raza Africana", no quisieron caer en la vulgaridad de llamarlo "candombe".
Poco a poco, con el uso y el abuso de tantos años, degeneró en un pataleo furioso y antiestético, en medio de un infernal barullo de tantanes; y el misterioso encanto de la melancolía africana fue desalojado por la grosería de generaciones blancas que no supieron conservar el arte legado por los Lubolos.
Favoreció notablemente la caracterización de éstos su indumentaria de esclavos: calzón corto y blusa sobre el cuerpo desnudo, lo que se aparentaba con medias, guantes y camiseta de color negro; no siendo lógico que extremaran el rol yendo descalzos, llevaban alpargatas. Con innovaciones de detalles, ese fue el traje consagrado para esa clase de sociedades, hasta nuestros días.
Se pintaban prolijamente cara, garganta, pescuezo y orejas; para disimular la ausencia de motas se envolvían la cabeza con un gran pañuelo polícromo, en la misma forma que solían hacerlo los negros. Sombrero de paja de anchas alas, puesto o colgando sobre la espalda.
Las apariciones anuales de los "Negros Lubolos" fueron recibidas con creciente entusiasmo por todas las clases sociales. Apenas, en cualquier barrio de la ciudad, se oían todavía lejanos sus tantanes, puertas, ventanas, balcones y azoteas se llenaban, de vecinos que no querían perder la oportunidad de contemplarlos. En las calles se aglomeraba el público para verlos pasar y aplaudirlos. Un verdadero ejército de muchachos los escoltaban, aprendiendo ávidamente todas sus modalidades, pues entre ellos iban los ignorados futuros fundadores de nuevas agrupaciones análogas.
Las familias distinguidas se disputaban las visitas de los "Negros Lubolos", y los principales salones les dedicaban sus bailes.
Pero, fueron imitados en asombroso crescendo anual, por agrupaciones con títulos diversos, sin perjuicio de la calificación genérica de "lubolos" que el pueblo les aplicó y sostuvo por más de veinte años, cambiándola otras generaciones por la de "negros" o "negritos".
Como tenía que suceder, el abuso trajo el desprestigio, y la discreta demostración africana de los Lubolos fue convirtiéndose en una grosera carnavalada, que en varias ocasiones la autoridad estuvo a punto de prohibir.
Un cuarto de siglo de franco éxito y otro de existencia del género "lubolo", marcan un record desconocido y que difícilmente podrá ser superado.
Fundaron la sociedad "Negros Lubolos" un señor Crewell, cuyo nombre no ha sido posible obtener, argentino y tipógrafo, en compañía de Bernardo Escalera, también argentino, establecido con un despacho de carne en una esquina de las calle Buenos Aires y Pérez Castellano. Escalera fue el primer presidente de aquella agrupación.
Crewell conoció en Buenos Aires las innumerables "naciones y sociedades" africanas allí existentes, entre las cuales existía una titulada "Lugola" o "Lubola". No era agrupación filarmónica ni carnavalesca, sino racial.
Cuando se trasladó a Montevideo y allí se radicó, siendo vecino de los barrios del Sud de la ciudad vieja, le fue fácil planear y reunir elementos para organizar sus seudo-africanos; y al buscarles título recordó el de aquella "sociedad Lubola", que masculinizó: "Lubolos".
El vocablo tiene su breve historia: es sabido que el Congo fue la región africana que surtió de más víctimas al tráfico de esclavos; de respetable extensión geográfica, forman su población infinidad de tribus o pueblos; entre ellos figuraba uno llamado Lucola, porque ocupaba tierras cruzadas por el río del mismo nombre. Los originarios de aquel pueblo eran los "lugolas" o "lubolas" de Buenos Aires, y todo lo citado origen de la designación "lubolos" de los blancos-negros de Montevideo.
No fueron una improvisación sino una organización inteligente. Surgieron del mentado Sud montevideano, donde el Cubo que fue testigo de la carroña colonial por mar y por tierra, parecía vengarse acogiendo en sus alrededores todas las iniciativas de la sana alegría africana y sus derivados, al amparo espiritual de los manos de los esclavos, que allí tuvieron su ranchería y talonearon su tradición en los lamentables días de nuestra prehistoria.
La típica danza y sus selváticos instrumentos, no evitaron que los Lubolos catalogaran en su repertorio versos que para ellos escribieron Julio Figueroa y Eduardo Gordon, y le compusieran música maestros de esa época como Renaud y Libarona.
Los temas con tendencia a lo festivo: críticas y bromas a las modas en el vestir; juicios infantiles peculiares en el africano sobre cosas de actualidad; nunca una alusión guaranga ni inmoral. En serio, cantaban a la raza negra, lamentando su destino; llevaban para ella demandas de libertad.
En aquellos tiempos los carnavales solían ser para el pueblo la única ocasión que le admitían disculpable, para exponer públicamente sus juicios sobre asuntos del ambiente político y social.
Como la esclavitud existía aún en Cuba, los pueblos del Plata no olvidaron a la desventurada perla antillana en sus cantos de protesta y de lamentos, y eran numerosas, todos los años, las sociedades que se fundaban con títulos alusivos: "Esclavos cubanos", "Pobres negros cubanos", "Hijos de Cuba", etc.
Es digno de observarse ese sincero y profuso exponente africanista en los pueblos del Plata, con la curiosa particularidad de que con él se rendía adhesión y cariño a la atribulada raza, y en ningún momento se le ponía en ridículo; eso lo reservaron siempre estos pueblos a otras razas, tendencia digna de estudio para nuestros biólogo-sociólogos, que con tanta suspicacia descubren los reflejos de castas ascendientes motivos de envanecimientos, y no ven las extrañas desviaciones que hacen de "ilustres" razas motivos de incontenible risa popular.
Fue una encomiable combinación de la tradición del africano y la reforma de su descendiente criollo, que sólo era factible bajo el color de la raza, y dicho color aplicable únicamente en los días de carnaval.

REVISTA

Esta categoría prioriza la alegría, la música, el baile y el destaque de la figura femenina. Armoniza coreografía, vestimenta, baile, música, orquestaciones, canciones y parlamentos con marcada alegoría, en una sucesión de cuadros enlazados sin interrupción, lo que vuelve muy dinámico el espectáculo. Las letras de la revista deben ser inéditas y  las melodías pueden serlo o no.

PARODISTAS

Estos artistas deben parodiar el argumento de obras literarias, cinematográficas, televisivas o historias de hechos y / o personajes públicos, imitándolos de manera burlesca, con tono jocoso, aunque algunos pasajes del espectáculo pueden tener matices dramáticos. Los parodistas actúan, cantan, bailan, realizan coreografías, utilizan diferentes vestuarios, un maquillaje importante y presentan, en general, dos parodias en su espectáculo. La presentación y la despedida pueden no ser parodias. Los conjuntos de parodistas cuentan con un mínimo de 15 y un máximo de 30 integrantes.

HUMORISTAS

Basan su trabajo en la libre comicidad de escena, situaciones o personajes que no deben estar basados en el argumento de una obra ni en hechos reales. Pueden utilizar una situación jocosa única o presentar varios cuadros en forma ágil, sin  intervalos entre ellos. Los humoristas deben hacer gala de creatividad e ingenio, apoyándose en la incongruencia y el absurdo para provocar la risa del espectador. Los conjuntos están integrados por un mínimo de 10 y un máximo de 20 humoristas.

domingo, 3 de enero de 2016

Canciones y música de la murga uruguaya

Los 13 cantantes del coro se dividen por “cuerdas” según las diferentes tonalidades de voz, desde los tonos más bajos que justamente se llaman bajos, seguido por los segundos, primos, sobreprimos y tercia. La batería utiliza básicamente tres instrumentos que son platillos (charleston Nº13 o 14), redoblante (tambor de batería) y bombo.
Los ritmos más tradicionales que se tocan son “la marcha camión” que es un ritmo autóctono uruguayo, el candombeado que está relacionado con el candombe que desciende de Africa y combinaciones de plena, marchas y malambos.

INTEGRACIÓN

La murga uruguaya está compuesta en general por 17 integrantes en escena, divididos de la siguiente manera: un director escénico, 13 cantantes y tres integrantes de la batería. El director es el encargado de pasar las diferentes tonalidades de las canciones e ir dirigiendo y llevando el ritmo del espectáculo, tal como lo hace un director de coro. El mínimo de integrantes de una murga es 15 y el máximo 20.

Qué son las murgas

La categoría Murgas es conceptualmente un natural medio de comunicación que transmite la canción del barrio, recoge la poesía de la calle, canta los pensamientos del asfalto. Es una forma expresiva que trasunta el lenguaje popular, con una veta de rebeldía y romanticismo.
La murga, esencia del sentir ciudadano, conforma una verdadera autocaricatura de la sociedad, por donde desfilan identificados y reconocidos, los acontecimientos salientes de la misma, lo que la gente ve, oye y dice, tomado en chanza y en su aspecto insólito, jocoso y sin concesiones y si la situación lo requiriera, mostrará la dureza conceptual de su crítica, que es su verdadera esencia.